El paraiso es algún tipo de biblioteca

Cuando pierdes el tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás loco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco lo mismo...

Miedo

Después de días sin pasarme por aquí vuelvo a la carga, aunque uno de mis seguidores haya decidido dejar momentaneamente el Blog (espero que vuelvas, de verdad, con tu blog enriquecía más mi conocimiento sobre la naturaleza y, además, tenía un gran apoyo).

Estos días me han servido para pensar, meditar, olvidar, recordar, soñar, tropezar, llorar, reir, ilusionarme, volver a tropezar y una lista enorme de diferentes sentimientos o situaciones, normalmente bastante contradictorios entre ellos, pero es lo que tiene ser así... pasas de la risa al llanto como si por dentro hubiese un botoncito sensible a todo que a la mínima que lo rozas las lágrimas empiezan a brotar de los ojos como lluvia en Invierno.

Ahora, el sentimiento que más impera en mi es el miedo. Tengo miedo de hacerme daño otra vez, de que me hagan daño, de sufrir, de llorar, de... sí, volver a tropezar, pero si no me arriesgo no ganaría nada.
Demasiadas cosas en mi cabeza: personas retorcidas (que me hacen dudar muchas veces de lo que se supone que debería creer), un lugar maldito, una persona que se supone que me quiere, un pasado extraño, una familia rota, agujeros...

¿Qué hago? Estoy acojonada. Solo quiero que me quieran, que me mimen, que me cuiden. Necesito creer, necesito eso. Necesito paz y amor (aunque suene muy tópico). Solo espero que tu puedas dármelo, pero sin desapariciones, ni cosas raras... o no lo soportaría otra vez.